LAS LUCHAS POR EL LAICISMO EN LA HISTORIA DE HONDURAS

A Continuación reproducimos íntegramente la participación del historiador Jorge Amaya durante la presentación oficial de la Organización Librepensamiento Honduras, el 19 de marzo del 2015.

1) Los antecedentes en la construcción del Estado laico en Honduras:

Siglo XIX
Los cimientos de la constitución del Estado laico se ubican en los procesos revolucionarios a partir de la Revolución Francesa y del influjo del pensamiento Ilustrado del siglo XVIII, que postulaban los ideales de igualdad, libertad y fraternidad, así como el desmantelamiento de los privilegios que consagraban beneficios solamente a la aristocracia y al clero durante el denominado “Antiguo Régimen”.

En aquél contexto, el Estado era regido por las “monarquías divinas”, que en alianza con la jerarquía eclesiástica, gozaban de las prerrogativas de las posesiones materiales como la tierra, los medios de producción, los tributos, así como los ingresos para la Iglesia, como por ejemplo el diezmo, las primicias y las capellanías y donaciones. En contraposición, el llamado “Tercer Estado”, formado por los sectores populares y los campesinos, vivían sumidos en total desamparo, sufriendo pobreza, explotación laboral y dominio y control social a través de mecanismos manipulados por la Iglesia, como el Tribunal de la Inquisición, que estipulaban lo que el pueblo podía leer, decir, pensar,representar y creer.

En este sentido, todo pensamiento, acción o ideología heterodoxa que contradijera las normas impuestas por el catolicismo y la moral conservadora de la monarquía, era perseguido y castigado -muchas veces con la muerte-, de manera que imperaba una sociedad con profundas raíces autoritarias, dogmáticas y con desigualdades sociales que obligaban a la gente a vivir en medio de una “cultura del miedo”, como la denominó el historiador Jean Delameau.

Esa estructura histórica antidemocrática y oscurantista del Antiguo Régimen comenzó a ser desmontada y aniquilada a partir del conflictivo pero necesario proceso de la Revolución Francesa de 1789 en Europa, y en el caso de América latina, con el proceso de la emancipación política, inspirada en el liberalismo.

En un proceso turbulento, fugaz y generalizado, las colonias -desde México hasta la Argentina- alcanzaron en apenas unos quince años su Independencia de España, a través de la gesta de paladines como Hidalgo, Morelos, Bolívar, Sucre, San Martín, Artigas y Morazán, quienes impulsaron la construcción de repúblicas basadas en el modelo político francés y estadounidense, especialmente mediante la imposición de Estados liberales, con división de poderes y de la promulgación de la soberanía popular y de los derechos ciudadanos.

Entre esos derechos, uno de los más importantes fue la concepción del “Estado laico”, es decir, el reconocimiento de la separación entre Estado e Iglesia, así como el respeto de la libertad religiosa y de las creencias, así como la noción de que las bases sustantivas del gobierno y de la sociedad debían apuntalarse mediante la ciencia y la razón para alcanzar el progreso.

En el caso de Centroamérica y Honduras, esas políticas públicas se empezaron a aplicar a partir del proceso de la “República Federal” de Francisco Morazán (1830-1838), cuando el gobierno respaldó las demandas liberales que se habían promulgado por decretos desde 1824, y que reconocían la necesidad de aprobar laseparación entre el Estado y la Iglesia, y al mismo tiempo impulsar la libertad de cultos.

En efecto, el gobierno de la Federación decretó la libertad de culto, al abolir en 1832 el artículo 11 de la Constitución, el cual reconocía como religión oficial a la Católica. Con ello, se permitía el ingreso a Centroamérica de cualquier religión del mundo siempre y cuando no contraviniera las leyes del Estado.

De igual forma, la Federación abolió los diezmos que cobraba la iglesia y además secularizó el registro civil, es decir, que el matrimonio, las defunciones y nacimientos serían regularizados por el Estado y no por la Iglesia. En el caso del Estado de Honduras, estas medidas que instituían el laicismo, fueron ratificadas por la Asamblea Nacional en decreto del 30 de marzo de 1829, que reconocía la separación entre ambas entidades, extinguía las comunidades religiosas y además, en una medida radical, reconocía el “matrimonio civil” para los sacerdotes[1].

Sin embargo, una de las medidas que más afectó a la Iglesia fue laexpropiación de las tierras que permanecían incultas. En efecto, la iglesia mantenía enormes extensiones de tierra que permanecían sin cultivar, de tal forma que el gobierno federal, con el propósito de distribuir esas propiedades entre los terratenientes y ganaderos, decidió expropiar aquellas tierras que estuvieran oficiosas.

La Reacción de la Iglesia en contra de estas medidas no se hizo esperar y decidieron formar oposición en contra de la República Federal, lo que provocó la expulsión del arzobispoRamón Casaus y Torres, quien fue enviado al exilio a Cuba. Por ello, la iglesia se alió con los conservadores para enfrentar a los liberales morazanistas, a quienes se les acusó de “diabólicos”.

Recientemente, escribimos un ensayo que ilustra este fenómeno de la “satanización” de los héroes independentistas como Bolívar y Morazán por parte del Vaticano y de la Iglesia latinoamericana de aquella época, prácticas discursivas que aún perduran cuando la jerarquía cristiana ha satanizado al movimiento de “Resistencia” a raíz del “Golpe de Estado” del 2009.

Los grupos conservadores, al formar alianza con la Iglesia Católica tenían en sus manos el control del pueblo, pues ejercían una influencia ideológica considerable en la población, fundamentalmente en la guatemalteca, que era donde se asentaba el poder real centroamericano.

El proyecto de Morazán, desde su visión liberal, se enfrentó en el plano ideológico con este sector; por otro lado, no disponía de los medios suficientes para difundir su pensamiento, ni de una base económica para equilibrar e imponerse. De esa forma la iglesia se acercó a los sectores conservadores y decidieron derrocar al gobierno de Francisco Morazán.

La creciente crisis económica del régimen liberal, así como el descontento de las masas indígenas y campesinas por el aumento de los impuestos, provocaron un frente difícil de enfrentar para la Federación. La iglesia se aprovechó de esa situación y empezó a levantar a dichos sectores sociales en contra de los liberales.

Para ello se valió de la epidemia de cólera que asoló a Centroamérica en 1837, acusando al gobierno de Morazán de haber infectado las aguas de los ríos con el virus del cólera para matar a los indígenas. Así, Rafael Carrera, un mestizo guatemalteco, en alianza con los conservadores de ese Estado, se alzó en armas en contra de la República Federal y derrotó a Morazán en la ciudad de Guatemala en marzo de 1840, con lo cual Morazán se fue al exilio, retornando en 1842 con la ilusión de restaurar la República Federal de Centroamérica, pero fue fusilado en San José de Costa Rica irónicamente un 15 de septiembre de ese mismo año.

Con esto, la República Federal de Centroamérica se desintegró y a partir de ese momento, cada uno de los Estados que pertenecían a la Federación pasaron a conformar repúblicas independientes, iniciando así lo que muchos historiadores han denominado como la “Reacción conservadora”, que volvió a imponer los valores conservadores de la época colonial y desde luego el poderío de la Iglesia.

Tuvieron que pasar nuevamente varias décadas para que se alumbrara una nueva época para instaurar valores y políticas de reconocimiento a la laicidad, a través del proceso histórico de la “Reforma Liberal”, que estuvo en vigencia entre 1876 y 1930, encabezada en su primera etapa por Marco Aurelio Soto y sobre todo por el mayor pensador liberal de ese tiempo, Ramón Rosa.
En términos generales, la Reforma pretendía vincular al país al capitalismo mundial y al fenómeno de la Modernidad y el Progreso.

En el tema que nos compete, es importante añadir que en el plano social y religioso, la Reforma impulsó la construcción de un “Estado laico”, enfrentándose por tanto contra el poder tradicional de la Iglesia Católica. Para opacar el poderío eclesiástico, la Reforma – a través de la “Constitución de 1880”-, abolió los diezmos, decretó libertad de cultos, secularizó el registro de las personas y además le expropió gran cantidad de tierras que permanecían incultas para destinarlas al fomento de la producción agrícola.

Con esa medida, prácticamente quedaron instituidos los cimientos de la laicidad y secularización en el Estado hondureño, desde el siglo XIX hasta el presente, aunque por supuesto, la Iglesia Católica -y hoy en día la Evangélica- han hecho esfuerzos por imponer su visión del mundo y sus dogmas a la clase política y a la ciudadanía.

Por otro lado, curiosamente en una época de tensión entre la visión positivista y secular de los reformadores, y la visión teológica de la Iglesia Católica, por ese tiempo se publicaron obras abiertamente anticlericales en el país, algo inusitado en la historia hondureña. De ese modo, se publicaron obras que atacaban abiertamente a la Iglesia, como La intolerancia Católica, de F. Laurent[2], editada en 1881, y La separación de la Iglesia y del Estado, de Carlos H. Reyes, publicada en 1890[3].

De alguna manera, la publicación y difusión de estas obras proporciona una idea de los cambios culturales e ideológicos que se estaban operando en la sociedad hondureña a partir de la Reforma Liberal, y que paulatinamente fueron repercutiendo en los lectores, quienes se fueron acostumbrando al surgimiento de unas prácticas culturales y de lectura cada vez más seculares y profanas. Asimismo, hay que apuntar que los reformadores asumieron conscientemente el papel que el libro y las lecturas iban a desempeñar en las transformaciones culturales de cara al Orden y el Progreso.

El mismo, Ramón Rosa, en su reconocido “Discurso en la apertura de la Universidad”, manifiesta al respecto lo siguiente:
El libro, y no la espada, es el único que entre nosotros debe hacer revoluciones; pero revoluciones en la esfera de la inteligencia, pero revoluciones que den vida y no la muerte, pero revoluciones que hagan brotar la luz de las ideas, en vez de sumirnos en el horrible caos de la anarquía[4].

En suma, desde este momento, y hasta el siglo XX, el Estado logró imponer la noción de “Estado laico” como administrador de la función pública y garante del cumplimiento de derechos a la ciudadanía, a pesar que la Iglesia siempre intentó imponer o permear sus dogmas a la sociedad.

2) Los desafíos al laicismo en el siglo XX y en la actualidad
En el siglo XX, La Iglesia fue adaptándose al marco político de la “era liberal”, y hacia principios del siglo XX, prácticamente ya habían reconocido la secularización del Estado, no obstante, siempre pugnaron o negociaron con los estamentos del Estado para continuar ejerciendo su visión de la moralidad. En este esfuerzo, la Iglesia se constituyó en la vocera de movimientos que pretendían salvaguardar la moral tradicional y católica, por tanto, fueron promotores de “Ligas anti-alcohólicas”, y de “Ligas antifeministas”, así como de asociaciones que promovían la lucha contra las lecturas profanas o contra el erotismo y la pornografía.

Asimismo, la iglesia se alió de nuevo con las élites liberales para enfrentar nuevos peligros ideológicos del siglo XX, como por ejemplo las ideologías del “comunismo” o el “anarquismo”.

En el caso de Honduras, tenemos constancia que esa posición “anticomunista” y de “diabolización” de los movimientos obreros o izquierdistas tomó auge desde la misión pastoral del Obispo Agustín Hombach en los años 20 y 30 del siglo pasado. Él mismo patrocinó la publicación en Tegucigalpa en 1932 de un panfleto titulado El peligro comunista, obra de Remigio Vilarino[5].

Esa fue la postura de la Iglesia en todo el siglo XX, posición que paradójicamente radicalizó a partir del “Golpe de Estado” del 2009, cuando su jerarquía conducida por el Cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga y la mayoría de sus obispos se adhirieron al ala fascista y de extrema derecha que condujeron el complot, el golpe y la ruptura constitucional.

Desde entonces, esa alianza entre las Iglesias Católica y Evangélica con la extrema derecha han provocado lo que denominamos como una “clericalización de la vida pública”, situación de extraño “hibridismo” donde ya no se distingue lo público de lo religioso. Empero, frente a esa alianza nefasta para el pueblo y para la democracia, evidentemente se han desacreditado muchos líderes religiosos y las Iglesias mismas ante los movimientos sociales y ante gran parte del Pueblo; así, se ha ido produciendo una “desacralización de muchas figuras eclesiásticas que antaño eran consideradas impolutas o casi sagradas”, como por ejemplo el mismo Cardenal Rodríguez Maradiaga o el Pastor Evangélico Evelio Reyes.

Para contrarrestar esa tendencia, las Iglesias han desplegado con el Estado mismo una campaña permanente de “conversión religiosa”, y de “ritualización de la religión dentro de la política”. Así por ejemplo, ciudades y pueblos de Honduras están ornamentadas con inmensos carteles de: “Honduras para Cristo”. En los pueblecitos más empobrecidos, donde no existen ni escuelas, ni centros de salud, mucho menos libros, encuentras anuncios estridentes de: “Aquí se venden biblias”[6].

Los buses de transporte público, calles, plazas públicas, radioemisoras y canales de televisión están repletos de predicadores, apóstoles, profetas, quienes Biblia en mano profieren con gritos estridentes frases como la siguiente: “La pobreza es el mejor regalo que Dios nos da para merecer después el Reino de Dios”, “La enfermedad es una bendición de Dios”,“Somos ovejas de Dios. Él nos quiere mansos y humildes…”, etc., etc.
En las redes sociales que circulas en el país, se socializan más citas bíblicas, bendiciones, que derechos ciudadanos u oportunidades. ¡Hasta los noticiarios de la TV en Honduras, comienzan con lecturas bíblicas, o devocionales que llaman a donar para tal catedral, para tal campaña del gobierno o para comprar un terreno para tal iglesia…

Esta es la “cultura” cristiana compartida en la región. Cultura que es rentabilizada de sobre manera, no sólo por jerarcas religiosos para mantener a flote sus negocios, sino también por los gobernantes. Éstos, cuando pierden legitimidad social, recurren a ceremonias/teatros religiosos para legitimarse en Dios ante el pueblo creyente.

Así, el gobernante “predicador” nuevamente es asimilado y aceptado por sus víctimas empobrecidos como el enviado del Dios ausente. Del mismo modo de cómo es amado el cura, pastor, obispo o cardenal que se concubina públicamente con el violento poder establecido.

En este contexto cultural, donde los fundamentos de la estructura social y psicológica de las personas están afianzadas en la creencia ciega, el trabajo de la concientización para el despertar de nuevos sujetos sociopolíticos continúa siendo un trabajo titánico…

Por eso, creemos que iniciativas como la fundación de la “Asociación Libre Pensamiento de Honduras” contribuirán a que la población y la ciudadanía reflexione críticamente ante líderes religiosos y clases políticas oscurantistas que solo sirven para perpetuar la pobreza de la nación.

Mediante esta acción, esperamos que los cristianos y no cristianos se conviertan en seres reflexivos y que se conviertan en ciudadanos respetuosos de la libertad de conciencia y de la laicidad, porque así lo establece la Constitución.

Bibliografía

[1] “Decreto declarando extinguidas las comunidades religiosas y secularizando los conventos”, En: Revista Anales, del Archivo Nacional, Tegucigalpa, Fascículo N° 2, diciembre de 1967, p. 12. [2] Laurent, F., La intolerancia Católica, Tegucigalpa, Tipografía Nacional, 1881. (B-BCH). [3] Reyes, Carlos H., Separación de la Iglesia y del Estado. Libertad de Conciencia. Tolerancia de Cultos, Tegucigalpa, Tipografía Nacional, 1890. [4] Cfr. Carías, Marcos (Compilador), Ramón Rosa. Obra escogida, Tegucigalpa, Editorial Guaymuras, 1980, p. 274. [5] Vilariño, Remigio, El peligro comunista, Tegucigalpa, Tipo-Lito Grabados y Encuadernación Nacionales, Prólogo de Agustín Hombach, 1932. [6] Sobre este tema es interesante consultar: Ollantay, Itzamná, “Centroamérica, una región intoxicada por una servil creencia cristiana”, En: Prensa Comunitaria, KM 16.